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Análisis

Por qué cada vez más adjudicaciones se deciden solo por precio

Por qué cada vez más adjudicaciones se deciden solo por precioAnálisis

Si tienes la sensación de que últimamente todo se decide al céntimo, no es una impresión: el precio único avanza como criterio de adjudicación, y eso cambia por completo a qué licitaciones deberías presentarte y cómo prepararlas.

La Ley 9/2017 de Contratos del Sector Público (LCSP) permite adjudicar atendiendo a un solo criterio, y ese criterio puede ser el precio o el coste (art. 145.3). Durante años se defendió la contratación estratégica —calidad, criterios sociales y ambientales, ciclo de vida—, pero en la práctica un porcentaje creciente de expedientes, sobre todo en procedimiento abierto simplificado, ha vuelto al precio como factor determinante o incluso exclusivo. No es un dato cerrado, sino una tendencia observada en los perfiles del contratante, y conviene leerla bien porque condiciona todo lo demás. Para una pyme no es una anécdota estadística: define si el músculo de la empresa debe estar en la oficina técnica que redacta memorias o en el control de costes que permite ajustar la baja sin comprometer el margen.

Por qué los órganos de contratación eligen el precio

No es casualidad ni pereza. Un criterio objetivo y automático reduce la discrecionalidad, y con ella el riesgo de que la adjudicación acabe anulada en un recurso especial. Para un órgano de contratación con poco personal, evaluar memorias técnicas consume semanas, exige motivar cada puntuación y expone a impugnaciones difíciles de sostener; una fórmula de precio, en cambio, se resuelve en una hoja de cálculo, es transparente de puertas afuera y es mucho más difícil de tumbar ante un tribunal administrativo. A ello se añade el peso de la fiscalización: un interventor rara vez objeta una adjudicación al más barato, mientras que una decisión basada en calidad exige defender por qué se pagó más. La combinación de presión presupuestaria y aversión al recurso empuja de forma natural hacia el precio.

  • Menor carga de trabajo y plazos de resolución más cortos.
  • Menor exposición a recursos por juicios de valor subjetivos difíciles de motivar.
  • Transparencia aparente: el ciudadano entiende que se elige lo más barato.
  • Presión presupuestaria sostenida en buena parte de las administraciones.

El efecto colateral es conocido: una carrera a la baja que estrecha márgenes, incentiva bajas agresivas y traslada el riesgo de calidad a la fase de ejecución, donde ya es tarde para corregirlo. No es un juicio moral sobre el sistema, es el mapa del terreno en el que compites, y presentarse a él con la mentalidad de un contrato adjudicado por calidad es la forma más rápida de perder dinero preparando ofertas que nunca puntúan lo que crees.

Qué significa para tu estrategia

Presentarte a un contrato adjudicado al 100% por precio con una estructura de costes media es tirar el dinero de preparar la oferta. La primera decisión no es cuánto rebajar, sino a qué te presentas: filtra por el peso real del precio en el pliego antes de invertir una sola hora en la memoria. Concentra el esfuerzo donde tengas una ventaja de coste estructural —cercanía geográfica, escala, procesos propios, acuerdos con proveedores— porque es lo único que te permite bajar sin ahogar el margen. Y cuando el precio manda, blinda la oferta frente a la presunción de anormalidad: una baja excesiva te obliga a justificarla y puede acabar excluida. Dicho de otro modo, en un mercado que premia el precio ganan las empresas que conocen su coste marginal al céntimo y saben hasta dónde pueden llegar, no las que improvisan la baja el último día.

  • Prioriza los expedientes donde tengas ventaja de coste real, no solo interés comercial.
  • Evita el contrato barato y muy disputado si tu propuesta de valor es técnica; esa memoria no suma.
  • Reserva las buenas memorias para los pliegos donde la calidad todavía pesa, que siguen existiendo.
  • Calcula tu suelo de precio antes de ofertar y no lo cruces por ganar dos décimas.
La pregunta no es cuánto bajo, sino en qué mesa me siento a jugar.

En Licitados el análisis de cada licitación separa el peso de los criterios automáticos frente a los de juicio de valor y lo cruza con tu catálogo, para que veas de un vistazo si un expediente se juega al precio o a la propuesta antes de decidir si merece tu tiempo. Así dejas de repartir esfuerzo a ciegas y lo concentras donde de verdad puedes ganar.

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