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Análisis

Precio, juicio de valor y las fórmulas de baremo que debes entender

Precio, juicio de valor y las fórmulas de baremo que debes entenderAnálisis

Dos licitaciones pueden anunciar el mismo peso de precio y comportarse de forma opuesta a la hora de la verdad. Entender la fórmula de baremo es lo que separa una oferta ganadora de una bien intencionada.

La LCSP clasifica los criterios de adjudicación en dos familias (arts. 145 y 146): los evaluables mediante fórmula —precio, plazos, características medibles— y los que dependen de un juicio de valor, como la calidad de la memoria o la metodología propuesta. Saber en cuál cae cada punto del pliego es el primer paso de cualquier estrategia, porque cada familia se prepara, se defiende y se recurre de una manera distinta. Confundirlas es empezar la oferta con el pie cambiado: puedes invertir semanas en una memoria brillante para descubrir que apenas repartía puntos, o descuidar un precio que resultó ser el que de verdad decidía.

El equilibrio precio vs juicio de valor

La ley vigila que lo subjetivo no domine el resultado. Cuando los criterios cuya cuantificación dependa de un juicio de valor superan el 50% de la puntuación total, la valoración debe encomendarse a un comité de expertos u organismo técnico especializado (art. 146.2.a). Ese umbral es una señal muy útil para el licitador: si un pliego mantiene el juicio de valor por debajo del 50%, suele ser porque el órgano quiere blindarse frente a recursos y simplificar la evaluación, lo que en la práctica desplaza el peso efectivo de la adjudicación hacia el precio aunque la memoria siga sumando puntos sobre el papel. Leer ese reparto entre subjetivo y objetivo te dice, antes de escribir nada, en qué se va a decidir realmente el contrato.

La trampa: peso nominal frente a peso efectivo

Aquí está el matiz que muchos pasan por alto y que decide adjudicaciones. Un criterio de precio con 60 puntos sobre 100 parece determinante, pero lo que de verdad importa es cuántos de esos puntos se reparten entre las ofertas reales. Una fórmula puede diseñarse para que casi nadie pierda puntos de precio, neutralizando la rebaja: si la mejor oferta se lleva 60 y la más cara se queda en 55, apenas hay cinco puntos en juego y la partida se decide en otra parte. El cálculo relevante es el reparto de puntos efectivo, no el nominal que anuncia el pliego, y depende por completo del tipo de fórmula elegida.

  • Proporcional pura (la mayor baja se lleva todos los puntos): premia con fuerza rebajar, el precio manda.
  • Fórmula con baja media: puntúa por acercarse a la media y castiga tanto la oferta cara como la excesivamente barata.
  • Lineal con umbral de saciedad: a partir de cierta baja no dan más puntos, así que rebajar de más solo resta margen.
  • Reparto sobre el presupuesto: si la horquilla de bajas es pequeña, los puntos efectivos son mínimos y el precio deja de decidir.

Un ejemplo lo deja claro. Imagina dos licitaciones idénticas en las que el precio vale 60 puntos. En la primera, la fórmula los reparte de forma proporcional pura entre todas las ofertas, de modo que una baja del 15% frente a una del 5% marca una diferencia de varios puntos que muy pocas memorias podrán remontar: ahí ganas o pierdes por precio. En la segunda, la fórmula solo puntúa por encima de un umbral de baja mínimo y satura pronto, así que pasar del 5% al 15% apenas suma un punto o dos: la adjudicación se juega íntegramente en la memoria técnica, y quien no la cuide perderá aunque sea el más barato. Mismo peso nominal, resultados opuestos.

Cómo usar esto a tu favor

La consecuencia práctica es que debes leer la fórmula antes de fijar el precio y simular tu puntuación en varios escenarios de baja. Si el precio reparte pocos puntos efectivos, la adjudicación está en la memoria técnica y ahí es donde debes invertir; rebajar por debajo de tu coste para arañar dos décimas que la fórmula quizá ni te reconozca es un mal negocio. Si detectas una fórmula de baja media, evita la sobrepuja, porque la oferta más barata puede quedarse sin puntos. La misma rebaja vale mucho o poco según el diseño del baremo, y solo lo sabrás si haces el cálculo.

El precio no vale lo que dice el pliego, vale lo que reparte la fórmula.

Licitados descompone cada licitación en criterios objetivos y subjetivos, identifica el tipo de fórmula de baremo y estima los puntos que realmente están en juego, para que decidas con datos dónde poner el esfuerzo: en el precio o en la propuesta. Es la diferencia entre ofertar por intuición y ofertar sabiendo cómo se van a repartir los puntos.

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