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Guía

Garantías y avales en licitación pública: provisional vs definitiva

Garantías y avales en licitación pública: provisional vs definitivaGuía

La garantía es el dinero que dejas en prenda para que la Administración confíe en ti. Saber cuánto, cuándo y cómo constituirla evita sustos de tesorería.

En la contratación pública, las garantías son el respaldo económico que asegura que cumplirás lo que ofreces. La LCSP distingue dos: la provisional, ligada a la fase de licitación, y la definitiva, ligada a la ejecución del contrato. Confundir sus importes o sus plazos es un error caro, sobre todo para empresas con tesorería ajustada que se presentan a varios concursos a la vez y comprometen líneas de aval sin llevar bien la cuenta de lo que tienen inmovilizado.

Garantía provisional (art. 106)

Es la excepción, no la regla. Con la LCSP, la garantía provisional no se exige con carácter general; el órgano de contratación solo puede pedirla de forma motivada y por circunstancias concretas del contrato. Cuando se exige, su importe no puede superar el 3% del presupuesto base de licitación (IVA excluido). Responde de que mantendrás tu oferta y llegarás a formalizar el contrato si resultas adjudicatario; a los licitadores no adjudicatarios se les devuelve tras la adjudicación, así que su impacto en la caja es temporal y limitado.

Garantía definitiva (arts. 107-108)

Esta sí es la norma en la práctica totalidad de los contratos. El adjudicatario constituye, antes de firmar, una garantía definitiva del 5% del precio final ofertado, IVA excluido (o del presupuesto base cuando el precio se fija por precios unitarios). En casos especiales puede exigirse una garantía complementaria de hasta otro 5%, llegando al 10% total, algo habitual cuando la oferta se ha considerado anormalmente baja. Responde de la correcta ejecución, de las penalidades y de los vicios que aparezcan durante el plazo de garantía, y no se libera hasta que el contrato queda liquidado sin responsabilidades pendientes. Conviene tenerlo en cuenta al calcular el coste real de un contrato: ese 5% (o el 10% si hay complementaria) permanece inmovilizado o comprometido en tu línea de aval durante meses, y ese coste financiero debería estar dentro de tu precio de oferta y no ser una sorpresa posterior que te reste margen.

Cómo constituirla (art. 108)

La ley admite varias formas, y elegir bien es una decisión de tesorería tanto como un trámite administrativo:

  • Aval bancario: una entidad responde por ti. No inmoviliza caja, pero consume tu línea de riesgo y tiene un coste anual mientras dura la garantía.
  • Seguro de caución: una aseguradora emite el certificado; es la alternativa habitual al aval y a veces no consume la línea bancaria, lo que libera capacidad para otros concursos.
  • Efectivo o valores: se depositan en la Caja General de Depósitos. Es directo pero inmoviliza liquidez durante toda la vida del contrato.
  • Retención en el precio: cuando el pliego lo permite, la Administración retiene el importe de las facturas en lugar de exigir un aval externo.

La garantía definitiva se devuelve una vez cumplido el contrato y transcurrido el plazo de garantía sin responsabilidades pendientes (art. 111). Presupuesta ese periodo con cuidado: el dinero o la línea de aval siguen comprometidos hasta la liquidación, que puede llegar meses después de terminar materialmente los trabajos.

Otro punto que sorprende a quien empieza: si incumples, la Administración puede incautar la garantía definitiva total o parcialmente, y hacerlo no le impide además reclamarte los daños que superen ese importe. La garantía no es un tope de tu responsabilidad, sino un primer respaldo del que la Administración se cobra con rapidez. Por eso elegir entre aval, seguro de caución o retención en el precio no es solo una cuestión de coste, sino de qué opción encaja mejor con tu tesorería y con cuántos contratos llevas en marcha a la vez. Llevar la cuenta de todas tus garantías vivas evita comprometer más avales de los que tu entidad te concede, algo que es pura salud financiera cuando licitas de forma continua y a varios contratos a la vez.

Calcular por adelantado cuánto aval necesitarás en los próximos meses es clave para no ahogar la tesorería. En Licitados ves el presupuesto y las garantías exigidas de cada licitación en su ficha, de modo que puedes anticipar el 5% definitivo antes de decidir a cuántos concursos te presentas a la vez.

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